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Asoma el sol

Asoma el sol.

Y el pájaro lo recibe con su canto. La ardilla lo contempla sentado desde una rama, con una nuez en muestra de ofrenda.
También lo recibe el conejo, asomando sus orejas, y luego su cabeza, desde dentro de su cueva.
La vaca muge en forma de aviso, como las campanas tibetanas. El gallo la acompaña como el canto de los lamas.
El oso abre sus ojos por primera vez desde el invierno, saliendo de su letargo.
El puma, por su lado, se detiene en una de las montañas mas altas, de todas las posibles vistas ante su mirada y observa al sol; aquel oro brillante dador de vida, y a todo lo que él revela ante su expandirse.
La víbora detiene su movilidad y levanta la cabeza; saca su lengua como probando el aroma y sabor del sol; tomando nutrientes invisibles.
Los peces se deleitan viendo múltiples soles, por el reflejo del mismo en el agua.
Se percibe amor.
Cada animal toma un momento de su vida para contemplar a aquella magnificencia aconteciendo.
Hasta a veces creo que las plantas también le dedican su foco; me ha parecido ver las margaritas girar para verlo, y que sus pétalos asimilen lo dado por este bello dador. Y las rosas esperan aquel momento para comenzar la danza de la floración.

En la naturaleza bien se sabe del real valor que aquel momento tiene en si mismo; como también su real significado.

El sol salió, aquel momento culminó -tan solo por el día de hoy-.
El hacer cotidiano retoma su andar.

Matías Hugo Figliola

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