Ir al contenido principal

Cuéntame una historia

Contaban en una historia, un anciano y una anciana, que todos estábamos destinados y predestinados.
Que habíamos elegido venir y también el para que habíamos elegido venir. Asimismo estaba sabido ya el cuando, el como y el porque de nuestra retirada.
Estos dos estaban siempre dispuestos a hablar; esperaban sentados, uno al costado del otro. A la vera de una senda cotidianamente transitada.
Sus caras eran de paz, serenidad y armonía. Estaban tranquilos, en el transcurrir de los días; y tambien de las noches.
Veían tantas personas pasar, y nadie parar. Observaban las caras de estas personas y en sus ojos se veian las preocupaciones.
Tensiones y nervios; envidia y gula. Codicia y rencor. Recelo y tristeza. Dolor y pena.
Un día vieron pasar a un niño, de la mano de la madre. Lo que llamo la atención de este niño fue que los miro y sonrió con alegría, mientras las demas personas nos miraban y, tristemente, les tiraban monedas.
Monedas que ellos nunca recogían.
El tiempo pasaba y la gente que pasaba frente a estos dos iba rotando, como también iban cambiando los aspectos de las caras. Pero los ojos siempre decían lo mismo.
Repetidas eran las emociones que se percibían de ellos. Repetidos eran los estados que se percibían en el reflejo de su mirar.
Cambiando este transcurrir homogéneo, transitaba por este camino un hombre. Lo diferente fue que al mirarlos, no metió su mano en el bolsillo; ni saco una moneda para tirarles. Tampoco los miro tristemente.
Allí vieron ellos, en los ojos de este hombre; el reflejo de aquel niño y la sonrisa de vida, y la energía del todo. Vieron alegría, felicidad y serenidad.
Este hombre, que iba a su trabajo, fue disminuyendo su marcha lentamente hasta detenerse exactamente frente a ellos.

Los miro y mientras los admiraba, fue poniéndose cómodo.
Se saco su atuendo de trabajo; dejando por fuera de él lo que no le pertenecía; quedándose cómodamente con el pantalón y su parte superior.

Sin decir palabras, ellos lo miraron. Sin oír palabras, el los entendió y junto a ellos se sentó.
Desde aquel día se pueden ver tres personas sentadas a la vera de un camino; mirando a la gente pasar.

Matías Hugo Figliola

Comentarios

Flor. C dijo…
Que bella historia!! es un gusto entrar a esta página y leer sus escritos, Sr Matias Figliola. Lo felicito.

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

El niño, el creador y la creación

Crayones de colores, permitiéndome crear y dar vida a las cosas; porque no es el dibujarlas lo importante, sino el personalizarlas. Darles vida es colorearlas, es darles existencia y realidad. Eliminar el vacío que proponen las lineas, que dividen entre un afuera y un adentro en donde no hay nadie entre medio. Comienzo los dibujos sin sentidos, entre lineas rectas y curvas; dibujando con cierta perspectiva para demostrar la altura de la profundidad. Lo que dibujo nadie lo ve, es mi tesoro. Es lo que está dentro mío, que me permite que le haga una réplica en el afuera; una bruta réplica ya que dentro mío reside la perfección y en el exterior es tan solo un intento torpe de una mano inocente que no conoce de creación y de pureza. Mientras hago, mi mano deja de dirigir y mis ojos dejan de ver claramente. Avanza el crayón como guiado por una fuerza "superior"; ese es mi yo consciente que está manifestando a la perfección y no buscando copiarla. Lo que está siendo, es alg...