Ir al contenido principal

Aquel pueblito que conocí

Caminando por las calles de un pueblo, de esos pueblos que uno los conoce solo por error. Que entra a ellos solo por intriga, sin tener nada que en ellos resalte.
Las calles de este pueblo estaban como nuevas. El asfalto estaba levemente manchado por las ruedas de los autos.
Como comentaba, me encontraba caminando por estas calles. Estaba caminando y mirando desinteresadamente; como pasando el momento para retirarme de ese pueblo que nada tenía para ofrecerme, ni ofrecerle a otro.
Llevaba caminadas unas pocas cuadras, al rededor de cuatro o cinco, cuando algo me llamo la atención. En la encrucijada de calles había una palabra de color blanca, de un tamaño normal. Estaba escrita en sentido que la pudiera leer fácilmente.
Al leer esta palabra pude ver que decía: "nuevo". Ver esta palabra me llamo la atención, pero no tanto como para detenerme por mucho tiempo; y proseguí mi caminar.
Al llegar a la próxima encrucijada observe que estaba escrito otra palabra: "para".

Esto ya no me pareció azaroso y detuve mi andar. Retome y volví, caminando, sobre mis propios pasos. Veía letras escritas y esto hacia que continué retrocediendo.
Justo en la encrucijada de la ruta yacía, plácidamente, la primer palabra de todas
Esta decía: "serénate". Estaba subrayada esta palabra, justo con el borde que delimita la ruta de la calle.
Eso hice, aunque solo por un segundo. Retome mi andar en busca de la próxima palabra. Al llegar al primer cruce la encontré.
Esta decía: "siempre".
Con emoción, como la de un niño que se encuentra jugando a buscar un tesoro, tome un lápiz y un papel (que siempre llevo conmigo) y me dispuse a anotar esta palabra... "siempre".
El tener que caminar cien metros me despertaba intriga y por ello me apresure a llegar al próximo cruce de calles; tanto era mi interés, que no registre en mi mente la primer palabra que escribí, aunque si en el papel.
Habiendo llegado al cruce, vi en el piso una palabra.
Esta decía: "hay".
Anote en el papel y proseguí. En mi cabeza, comencé a sacar conclusiones de lo que todo esto podía ser. Apurado llegue al próximo cruce y, como en las dos cuadras anteriores, también había una palabra.
Esta decía: "algo".
La próxima palabra ya la conocía, era la que me había hecho frenar mi andar desinteresado.
Esta decía: "nuevo".

Calmadamente seguí caminando, ya el entusiasmo del niño paso a ser el pensamiento de un adolescente queriendo comprender que era aquello que estaba escrito y su significado.
Tenía escrito en mi hoja de papel las palabras siguientes: "Serénate. Siempre hay algo nuevo"; esto empezó a generar un deseo de develar las próximas palabras.
Al quinto cruce estaba otra palabra, esperándome.
Esta decía: "para".
La sexta palabra era: "ver" y al lado de esta había un punto, también anote esto en mi hoja de papel.
Así siguieron apareciendo letras, a cada cruce. Iban componiendo una unión entre estas, formando una frase. La cual todavía no tenia definida, pero iba a por ese resultado.
Le siguieron a la última palabra, las aquí escritas: "Despierta", "tus" y "sentidos", teniendo esta ultima palabra otro punto, del cual también tomé nota.
Continué caminando, ya mas calmado. Serenando mis pasos, mi mente, mi desesperación y mi necesidad. Releyendo las palabras que estaban conjugando la oración.
"Serénate. Siempre hay algo nuevo para ver. Despierta tus sentidos."
Continué caminando y anotando las próximas palabras, que fueron: "Abre", "tu" y "mente" y luego de esta estaban tres puntos, como dando suspenso a la frase. Generando un final abierto.
Aquí se terminaban las calles de este pequeño pueblo, aquí terminaba lo escrito.

Me quede quieto mirando el horizonte y todo, lo que entre él y mi persona, había. Repitiendo esta frase en mi mente y haciéndole caso a lo que decía.
No hubo ningún acontecimiento revelador ni extraño; si es lo que se esperaban leer.
Solo sucedió que esas palabras se funcionaron conmigo, en mi interior.
Desde aquel momento, de aquel día. Estas palabras, esta frase, fue como guía para mi hacer y andar.
Desde ese momento, freno el impulso y releo la frase que se encuentra latente dentro mio.

"Serénate. Siempre hay algo nuevo para ver. Despierta tus sentidos. Abre tu mente." Y así lo hago.

Nunca supe el nombre de ese pueblito, nunca lo vi en ningún mapa. La gente que vivía en él me dio un nombre, me dijo como se llamaba. Nunca lo pude comprobar, pero lo acepté así.
Este nombre era "presente".

- Por fecha 21/02/2012 - 

Matías Hugo Figliola

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

Entre un paciente y un terapeuta II

Dar y recibir, así debe ser el movimiento de la rueda. No concebía que hubiera aquellos que recibieran y no dieran. Cada vez que se cruzaba con gente así se sentía usado, mejor dicho abusado por ellos. Le robaban al tomar sin dar, ultrajaban un acto amoroso con desprecio y desdén. Siempre había vivido en el acto de dar al momento de recibir porque aquello es lo que lo gratificaba y conectaba con sus valores. Sentirse pleno en el acto de dar como en el de recibir, comprender que había una armonía entre ambas personas. Que existía el ciclo natural y cósmico... Esto le explicaba, de forma clara e intensa al terapeuta. Se lo explicaba con tono sereno, mayormente, aunque a veces tenía explosiones de indignación, ingratitud e impotencia de ver como la gente abusaba, absorbía y parasitaba. Esto último podía hacer que todo se borre de su mente, de su juicio, y que solo viese el infierno danzando libremente por este lugar que casi siempre comprendía como la posibilidad del paraíso, y lo veía co...