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Aquel que vi

Estaba viéndolo, estaba observando lo que hacía. No podía quitar mis ojos de cara, de sus gestos y expresiones. Me tenía paralizado.
Así sucedía. Tomaba un sorbo, dejaba la taza y volvía a tomar el cuchillo. Así, una vez tras otra.
Tomaba un sorbo, dejaba la taza y volvía a tomar el cuchillo.
Y su cara cambiaba de gestos y expresiones al tomar el cuchillo. Gesticulaba y se percibía placer en el.

El cuchillo era utilizado para lo que fue creado, sin importar lo que tenga frente a él. Y este hombre bien sabía que era así.
Tomaba el cuchillo, lo usaba, lo dejaba, tomaba un sorbo de café.

Nunca se supo en que usaba su cuchillo, nunca me quede suficiente tiempo para averiguarlo. Y corrí de allí, pensando lo peor; imaginando lo peor.

Y él, en ese instante se percato de que había estado un hombre, por unos momentos, escondido viendo por la ventana. Mientras el cenaba con su familia.

- Por fecha 11/02/2012 -

Matías Hugo Figliola

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