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Por estar feliz

Se encontraba alegre, contento. Estaba mas que eso, estaba feliz. Estaba cantando y, con ello, mostrando su felicidad.
Nadie sabia porque estaba tan contento; ni tampoco se lo habían preguntado. Es que nadie se había tomado el tiempo ni el interés de hacer eso. Asumían y, como siempre, el asumir tiene un margen de error.
En este caso, asumieron que estaba molestándolos; que ese canto era porque estaba divirtiéndose con ellos, mejor dicho de ellos. Asumieron que no los quería y que quería agotarlos, cansarlos y echarlos.
Estaba festejando, era padre. Había logrado gestar hijos con su pareja. Estaba dichoso, como tantos padres se sienten en ese momento, en ese estado.
Estaba cantando, armoniosamente; estaba haciendo música, muy bella. Estaba digo, porque ya no esta más. Asumieron algo que no era. No frenaron en averiguar ni entender, solo arremetieron contra él.
Estaba digo, porque un zapato lo abatió. Lo saco de su momento y en ese mismo acto murió.
Fue asesinado por un zapato; por un mal entendido. Porque no lo dejaron expresarse.
Así murió el grillo.
Así me contó que sucedió la historia su viuda, una tarde lluviosa de septiembre bajo los arboles donde antes estaban los dos viviendo, felices.

Matías Hugo Figliola

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