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Valores vacíos

Contar, contar, contar y contar. Sumar, restar, sumar, sumar y restar. Los números eran sus amigos, sus confidentes y hasta sus amantes.
Vivía amándolos. Estaba desorbitado por ese amor.
Había dejado a su mujer, olvidado a su hijo y sus dos hijas. Había olvidado hasta donde era que vivía.

Recordaba su nombre, su cara y el color de sus ojos, por el reflejo que veía de él en aquel cristal que tenía frente a si.
Sus manos eran su único, y mas bello, regalo. Las cuales contaban y sumaban y restaban; las cuales manipulaban los papeles y los números.

Todo en su vida estaba olvidado, ya no había más nada por olvidar. Ya no había nada que se entrometiera en su romántico hacer. Estaba el y los números.
Un día, todo llego a su limite; el nunca lo supo, eso lo puedo confirmar.
Estaba haciendo su danza cotidiana y, sencillamente, murió.

Esta fue la vida de aquella persona que baso su vida en valores vacíos. Sin mas ni menos, paso desapercibido.
Creo que nadie supo que murió, ni tampoco a nadie le intereso. Ni a los números ni al dinero.

Matías Hugo Figliola

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