Ir al contenido principal

Mal consejero

El grito de miedo ensordeció a mis oídos. Corre, ataca, mata, escóndete y defiéndete.
Su decir es repetido, es un eco. El truco del miedo es utilizar diversas herramientas como métodos de desorientación.
Usa una sonrisa de alguien para decirte que tengas cuidado de su maldad, de que esta planeando -si es que ya no lo planeo y lo esta llevando a cabo- alguna acción en contra de uno.
Que dos personas se acerquen para decirse algo; es seguro un complot en tu contra, donde están ultimando los detalles.
De esos ejemplos, me surgen en gran cantidad. En si, en todos se resume a que, como dije antes, el miedo utiliza una situación para decirte lo que le conviene; para que te ausentes de vos, te escondas, defiendas, ataques y mates al otro.

Su grito no es fuerte, ni con tonos agudos. Su grito es suave, sutil; se podría decir que es como un susurro. Pero un susurro abrumador.
Tapa toda posibilidad de uno, de escucharse a uno.

Y uno termina corriendo para defenderse de algo que no existió, atacando a quien estaba parado indefenso -sin defensa-, sin interés ni intención de atacarte.
Y así uno mata al otro; mata al otro en la posibilidad de saber y de comunicarte. Y también se mata a uno mismo, porque no hay otra forma de ver el aislamiento de uno en uno mismo con pinches que lo protegen de todo y todos.
Digo que protegen, por recomendación del miedo; ya que en verdad no protegen sino que mutila, afea y destruye al mismo individuo que allí los ubico.

Es decir que teniendo un consejero, que busca su beneficio propio -siendo ese beneficio el controlarte, dominarte y aislarte- uno termina desorientado, desanimado (sin anima, sin alma) y en vías de autodestrucción.

Y hasta aquí llega la opinion, sobre este tema, el día de hoy.

Matías Hugo Figliola

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

Entre un paciente y un terapeuta II

Dar y recibir, así debe ser el movimiento de la rueda. No concebía que hubiera aquellos que recibieran y no dieran. Cada vez que se cruzaba con gente así se sentía usado, mejor dicho abusado por ellos. Le robaban al tomar sin dar, ultrajaban un acto amoroso con desprecio y desdén. Siempre había vivido en el acto de dar al momento de recibir porque aquello es lo que lo gratificaba y conectaba con sus valores. Sentirse pleno en el acto de dar como en el de recibir, comprender que había una armonía entre ambas personas. Que existía el ciclo natural y cósmico... Esto le explicaba, de forma clara e intensa al terapeuta. Se lo explicaba con tono sereno, mayormente, aunque a veces tenía explosiones de indignación, ingratitud e impotencia de ver como la gente abusaba, absorbía y parasitaba. Esto último podía hacer que todo se borre de su mente, de su juicio, y que solo viese el infierno danzando libremente por este lugar que casi siempre comprendía como la posibilidad del paraíso, y lo veía co...