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Mientras se ataca

Tenía en su mano izquierda el escudo; en su mano derecha, la espada. El casco estaba encajado en su cabeza, de forma correcta.
Nunca estuvo dispuesto a escuchar, ni entender. Ni a dialogar, y menos aun a comunicarse.
Y así culmino todo. En ataques sin sentido.
En actos ofensivos, destructivos, en donde no solo murió el otro, sino que también murió el. Y lo peor de todo fue que murió la posibilidad de comunicarse; la posibilidad de conectarse de ser humano a ser humano, y poder entender al otro como a un hermano.
Y en esta muerte no hubo ni un solo testigo, ni de un individuo, ni del otro, ni tampoco de aquella posibilidad que nunca existió.
Y así sucede todos los días, a cada encuentro. Al ver a un otro, se toman las armas y se sale a matar. Y en ese matar se termina matando, al otro y a la posibilidad de conexión, como también se termina muriendo.

Y ahora, sabiendo esta situación, mi atención se focaliza a mi próximo encuentro con un otro. Y después, cuando pueda corregir ese hacer; mi atención se posara en mi mismo, para ver el dialogo conmigo mismo.

- Por fecha 18/03/2012 - 

Matías Hugo Figliola

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