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Su negocio

Cobraban por cada sorbo de agua que tomaban. Cobraban, aparte, cada gramo de comida que ingerían.
Cobraban hasta el mirar como los que tenían la plata, compraban la comida y bebida y las consumían.
Cobraban con dinero, con denigración, con abuso, con uso, con desprecio y hasta con saña.
Siempre cobraron y lo seguían haciendo; ya era algo aceptado por todos, hasta por los que pagaban por cualquiera de los medios dichos anteriormente.

Era un ciclo, el cual parecía eterno; al menos era un ciclo el cual había sido eterno hasta el momento este.

Surgió un hombre de entre las dunas; quien llego con comida y bebida en su carro, por el medio de la calle, dando la comida y también cobrándola.
Lo que cambió todo fue el modo de cobrar.
Por cada sorbo de agua, cobraba una sonrisa. Por cada vaso, un abrazo.
Por cien gramos de comida, un beso.
Por la comida y bebida de un día completo, cobraba la ayuda para que mas gente pueda comer y beber, sonreír, abrazar y besar.
Al poco tiempo, no solo había amor fraternal en el lugar, sino que aparte había asistencia de sus clientes. La comida se multiplico, con la bebida sucedió lo mismo.

El cambio se dio por un modo diverso de concebir las cosas. Utilizo su negocio para multiplicar el negocio. Su rédito fue el amor.
Luego de ello, algunos dicen que lo vieron caminando por el desierto, sonriente. Parecía que iba caminando con miles de hermanos, todos plácidamente y gozando el andar. Aunque los pocos que pudieron verlo nunca supieron si fue un espejismo o realmente sucedió.

Matías Hugo Figliola

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