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Y con ello, salió el sol

Y con ello, salió el sol.

Ruidos en una casa, quejas y gemidos. Gritos, no de enojo si de histeria.
Gente que entraba, no salia ninguna. Movimiento en el interior.
Los muebles los reubicaban, con cautela pero sin tener en cuenta su ubicación final; la cual no sería final, tan solo sería por unas horas.
Entraban, con la gente, diversas cosas. La gente que entraba las llevaba, no eran muchas cosas como tampoco mucha gente la que entró.

Los gritos de una mujer se podían sentir en el aire, a unos cuantos metros de distancia.
Las cortinas tapan el movimiento interior, pero daban una especie de melodrama al ver las sombras pasearse en apuros, gritos; moviendo cosas y reubicando cosas.
Se podía asumir que una sola cosa no se movía, era un hombre el cual estaba parado cerca de una cama.

El movimiento, el ruido, los gritos y la tensión estuvo en ese lugar por rato largo.
Paso el umbral entre la noche y el día, con este transcurrir; como también paso el umbral de lo que se sentia como tensión, dolor y nerviosismo, por relajación y compasión.

Con el momento del nuevo día, con el acontecer del sol dandole el anuncio a ese hemisferio que un dia nuevo comenzaba, un niño nació en aquella casa.
El nuevo niño de la mujer, del hombre, del amor entre ellos dos, de las parteras, del doctor, de la tierra y del sol.

Y con ello, salió el sol
Y en este acontecimiento, un nuevo día comenzó

Matías Hugo Figliola

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