Ir al contenido principal

El tiempo, mi observador

Tanto he dicho, tanto he acotado, explicado, interrumpido, refutado, peleado, hablado sin sentido. Tanto ruido he hecho.
Es un poco de lo que he aprendido en estos tiempos; en este tiempo de vida, de toma de consciencia.

Aprender a callar, no generando silencio; ni por rencor, remordimiento, resentimiento, enojo, dolor o pena. 
Aprender a callar, para escuchar; no para aislarte asistido por los anteriores estados dichos, u otros.
Escuchar, para entender, comprender y aprender. Escuchar para poder ampliar mi saber y mi conocer al otro.
Escuchar para poder salir de mi rutina de palabras, para poder darme el tiempo necesario para saber que decir.

Lo importante no es el mensajero, sino el mensaje. Solo se verá eso cuando se escuche al otro.
No creerse superior al otro, que solo estamos siendo inferiores y aparte ciego y sordo; mudo no.

He aprendido a callar, para darme mi espacio de escuchar y escucharme; para saber darme mi tiempo en el cual hablar. He aprendido también a callar, dándole el lugar al otro a decir; quien sabe, por ahí su perspectiva sobre algo sea lo que estaba faltando en tu vida.

El tiempo ha sido el participante pasivo de mi andar por esta senda. El tiempo, mi observador.

Matías Hugo Figliola

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

El niño, el creador y la creación

Crayones de colores, permitiéndome crear y dar vida a las cosas; porque no es el dibujarlas lo importante, sino el personalizarlas. Darles vida es colorearlas, es darles existencia y realidad. Eliminar el vacío que proponen las lineas, que dividen entre un afuera y un adentro en donde no hay nadie entre medio. Comienzo los dibujos sin sentidos, entre lineas rectas y curvas; dibujando con cierta perspectiva para demostrar la altura de la profundidad. Lo que dibujo nadie lo ve, es mi tesoro. Es lo que está dentro mío, que me permite que le haga una réplica en el afuera; una bruta réplica ya que dentro mío reside la perfección y en el exterior es tan solo un intento torpe de una mano inocente que no conoce de creación y de pureza. Mientras hago, mi mano deja de dirigir y mis ojos dejan de ver claramente. Avanza el crayón como guiado por una fuerza "superior"; ese es mi yo consciente que está manifestando a la perfección y no buscando copiarla. Lo que está siendo, es alg...