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En las alturas, el despertar.

Exhaló, y con ello aconteció la lluvia. El viaje parecía un cuento de hadas; todo se veía diferente desde la ubicación en la que se encontraba.
El océano ya no le parecía magnánimo, era solo algo más. Lo que experienciaba era magnánimo.
Y se pregunto cuantas otras experiencias fueron magnánimas en su vida; y por un momento hubo un silencio en su adentro, hasta que él mismo se recordó,a si mismo, todas las experiencias tan bellas que había vivido.
Su primer juguete, su primer beso, sus primeros pasos. Su risa, risa en momentos de éxtasis aun mas. Su primer bicicleta, su abrazo de despedida con su abuelo, su perro quien fue como como su hermano; el ver a su hermana sonreirle. Su primer trabajo, su primer amor.
Ante si fueron pasando muchísimos momentos de importancia, hasta que en un momento se percato recordando toda su vida, todos sus días; todos los momentos.
Allí arriba lo comprendió. Dió un suspiro al inmenso cielo y una palmada al gran asistidor para que recuerde que es la vida y el vivirla.
Y él nunca hubiera pensado que estando en el lomo de una ballena podría comprender el sentido de la vida.
Y él nunca había pensado estar sentado en el lomo de una ballena, pensaba en cosas que le decían que tenía que pensar.
Y yo pienso que el nunca pensó, nunca sintió; hasta que se hizo presente en su vida y cuando pensó y sintió, vivió y entendió.

Matías Hugo Figliola

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