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Ella y aquella madrugada

Ella caminaba y sentía la briza en su rostro. En cada lugar donde posaba sus ojos, había una situación única.
Todo era un paisaje para asimilar, todo era bello mientras ella caminaba y sentía la briza en su rostro.
Cada paso que daba, la planta del pie le hacía sentir el terreno; nutría a sus sentidos. El aroma en la briza también hacia lo suyo, como asimismo las situaciones, objetos, personas, animales aportaban al sentido general.

Y así es como ella, esa madrugada, caminando por la gran ciudad, pudo sentir, por primera vez, la vida. Y es así como ella despertó a esta bellísima experiencia, la cual la había esperado desde hace muchísimos años.

Asimiló lo que sintió, vió, tocó, probó, experienció, olió y vibró la vida. Y ese día vivió su primer día, y ella pensaba que ya llevaba viviendo varias décadas.

Y así es como ella volvió a nacer, aquella madrugada inmersa en la metrópolis.
Luego de ese día, poco se supo de ella como fue y mucho se empezó a conocer de como ella en verdad es.

Esto es algo que me ha contado alguien, que creía conocerla y luego la conoció. Esto es algo que ella me contó.


Matías Hugo Figliola

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