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Tarde nublada, aprendizaje asegurado

Esperando que el otro hiciera algo, ya que el se lo había pedido, se quedo esperando bajo la sombra del árbol que lo protegía de aquel radiante sol.
Esperando, esperando y esperando; de ello se trataban sus días, de esperar.
De esperar al otro que debía de hacer lo que se le había pedido, esperar que alguien lo ayude; de esperar que alguien le lleve comida o agua. Esperar que alguien le de alguna moneda o algún billete.
De esperar que uno u otro o algún otro, que pasaba por allí, lo ayudara ya que el así lo necesitaba.

La espera se hizo su hábito, su alimento, su bebida y su respirar. La espera se hizo su modo de vida y con ella, su modo de morir.
La queja fue su estandarte; el único patrimonio que dejó.

Esta fue la historia que me contó  una tarde nublada y lluviosa, un hombre que estaba construyendo su humilde hogar, bajo un puente.
Quien se había encargado de hacer y de crear por el mismo, aun en esas condiciones adversas.

Esta fue la enseñanza que me dio, que se dio; este fue el aprendizaje que nutrió mi saber, aquella tarde nublada y lluviosa.
Si deseas algo, ve por ello. Haz todo lo que tengas en tus posibilidades. Elimina todo azar. Aventúrate a vivir tu vida en plenitud.

- Por fecha 25/11/2012 - 

Matías Hugo Figliola

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