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Las dos posibilidades

Pensaba que todo había terminado, que el sol había muerto. Y con él, que yo había muerto.
El sentimiento era real, era un dolor interno. Era un dolor de como si el corazón se me estuviese escurriendo por dentro de mi cuerpo.

Cada pestanear era un posible no volver a abrir los ojos y pestaneaba seguido; solo lo hacía para ver si no se volvían a abrir.
Todo lo que sucedía no tenía retorno. Todo lo que pasaba era el presente y lo que había pasado ya no existía ni aquí ni ahora.

El corazón estaba roto, la sangre habia ocupado todo mi cuerpo. La noche había llegado a su apogeo.
¿Luego de eso que paso?, pues nada. Solo que la noche siguió su camino y se presento ante mis ojos un nuevo sol, un nuevo día.

Y mi corazón no se había roto, ni mi sangre se había escurrido por todo mi cuerpo. Ni el fin del mundo ni la muerte me habían llegado.
Tantos pestaneos solo me hicieron ver, como en un suceder de fotos, el amanecer. El amanecer que me estaba respondiendo a mi angustia con calor, con cariño y con compañía.

Y me he parado del lugar oscuro donde me había echado. Y debí aceptar que la noche había pasado y con ella el día anterior y lo que en el sucedió.
Y acepte que mi pasado había pasado; que tenía dos posibilidades para seguir viviendo.
Aferrandome al pasado y lamentandome y basando mi presente en aquel pasado ... o ... Recordar con amor las experiencias vividas y vivir mi presente, estando yo presente en él.

La decisión se me hizo difiíil, es que no es fácil aceptar que lo que hubo, no hay. Es difícil renovar la experiencia pasada para nutrirla con amor y sacarle el velo del dolor.
Y la decisión llegó.
Y hoy me encuentro aqui, de día o de noche, de mañana o de tarde. Y hoy me encuentro aquí, viviendo mi presente. En donde el, y yo, elijamos estar.

- Por fecha 21/02/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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