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Una ducha

Se agolpan los recuerdos.
Las imágenes sentidas de los lagos en los que estuve nadando, relajando y tomando agua.
Los sonidos de los ríos que he escuchado y que no he encontrado, ocultos en las montañas, en las planicies, en los bosques o en las selvas.
Las cascadas que pude ver de a escasos centímetros; pudiendo distinguir las gotas entre las gotas. Viéndolas   salirse del trayecto del río, creando su propio afán camino y explotando en las rocas cercanas, fusionándose con los helechos que allí saben esperar a estas intrépidas gotas. Así también existen las cascadas que he visto de tantos cientos de metros o hasta algunos kilómetros. Imaginándome sus caídas y sus saltos, sus pequeñas lagunas y sus helechos; cascadas que no he conocido en persona y con las cuales me he vinculado.

El río de la plata. Los ríos congelados del sur. Los ríos cálidos originados del Perú. Ríos, lagos y lagunas. Lluvias que me mojan de arriba hacia abajo y, en su rebotar, mojan de abajo hacia arriba.

Tantas imágenes, y con ellas vivencias y experiencias, me suceden en unos tantos, o tan pocos minutos, en este momento que he vivido.
Una simple ducha, un simple ritual de purificación del cuerpo; algo tan simple en verdad puede ser tan complejo. Experiencias y vida.
Y así salgo de mi ducha, habiendo recordado mis viajes, mis vistas, mis sentidos. Y así salgo de mi ducha, energizado.
Tan solo una simple ducha, que tantas veces he menospreciado. Una magnifica ducha, que me recuerda que sigo vivo, con experiencias en mi interior y con deseos que aun laten por vivir, y serán vividos.

- Por fecha 01/05/2013 - 


Matías Hugo Figliola

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