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El niño y el reloj

El hombre se movía de aquí para allá, de allá para aquí; de aquel punto a este punto, de este punto a aquel punto.
Se repetía incesantemente; parecía que estaba danzando un vals. Un vals sin pareja, o con su pareja invisible, la angustia.

Pocos le prestaban atención. Algunos danzaban su vals a su ritmo y tantos otros danzaban en su interior o al sonido de sus mandíbulas y uñas.

Todos tenemos un tanto de angustia y otro tanto de ansiedad.

El hombre, volviendo a el momento, danzaba sin cesar. Su cabeza se meneaba al ritmo de sus pasos, justamente en contraposición de su siguiente paso.

Un niño lo frena y le alcanza su reloj. Era un reloj de un personaje animado y que tan solo tenía las lineas referentes a los minutos, segundos y horas y las dos agujas que marcaban los minutos y la hora.
Desorbitado y detenido en su vals, llamado el vals de la angustia, el hombre mira al niño y este le dice tan solo unas pocas palabras antes de salir corriendo por el llamado de su madre, la cual se encontraba lejos.
El niño le dijo:
"El minuto pasado no se preocupa por haber pasado. El minuto futuro no esta ansioso por llegar. El minuto presente esta transcurriendo siempre, no se preocupa del que paso o del que vendrá."

A veces los ángeles se visten de niños, es una suave forma de intervención.

- Por fecha 24/06/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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