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Pensando sobre el afecto

La gente le tiene miedo al afecto, al cariño. La gente no sabe como desenvolverse en un ambiente amoroso.
Tienen miedos, dudas, inseguridades. El pasado les llega como llovizna de dolor y pena.

Cuando sienten cariño se les dispara la distancia; buscan esa distancia para salvaguardar ese corazón que vivió otras experiencias. Buscan esa distancia por recomendación de su miedo que le dice que deben alejarlo porque el cariño conlleva dolor intrínseco en si mismo.

No pueden ver la diferencia en los tiempos, no pueden concebir que su presente esta ajeno a su pasado. Están atrapados en un pasado-futuro tóxico el cual los previene de un presente, el cual en verdad es digno de ser vivido.

He vivido varias experiencias de esa índole, he tenido varias reacciones parecidas también. Me encuentro aceptando el amor como amor. Me encuentro separando al miedo de mis deseos y de mi modo de vida.

No niego que dolor se genera cuando se ve a la gente aislada de gente por el hecho de dudas, prejuicios, inseguridades o dogmas ya adquiridos.
Luego de ese dolor llega el momento de explosión. Allí es cuando decreto mi vocación, mi deseo y mi modo de acción.

Firmo, firmemente, que mi deseo persistirá por sobre todos los miedos, dudas y gentes. Mi amor esta por encima de todas mis ideas, mis emociones y mis dudas.
Mi amor es el faro que alumbra. Mi amor es el bastón que me acompaña. Mi amor es la ropa que me viste.
Mi amor es mi sangre que fluye en mi. Mi amor es mi modo de comunicarme con un otro.

Mi amor ha sido mi salvador en tiempos de penumbras, en tiempos de dolores desgarrantes.
Luego de él, todo lo demás; antes que él, el origen de todo y todos.

- Por fecha 06/06/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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