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Residencial oriental

Estaba en una clínica. Estaba en ella hace mucho tiempo; ya se sentía paciente de la misma, o es que siempre fue paciente y con la astucia de estudiar lo que estudio le permitía mantener cierta libertad que no todos poseían.
Esta clínica no era de rehabilitación, no era de estética ni de belleza. No era una clínica para el cutis ni para las varices.
Esta clínica era mental, o desmental debería de decirse ya que la gente que vive en ella esta fuera de su mente -o eso dicen los que viven fuera de ella para creerse sanos, creerse cuerdos-.

El ya era residente por deseo, por vocación. Era parte de esta clínica, era algo que le daba placer. El estar con los supuestos locos, poder hacer locuras, tener charlas incoherentes y reír porque si.
Se le había hecho muy a gusto ese modo de vida, el cual cuando terminaba su periodo laboral debía controlar un poco ya que los cuerdos no estaban al corriente de la vida de locos que llevaba. Tan solo unos amigos lo conocían íntimamente, sabiendo que su locura era su mas bella sanidad.

Este hombre, el cual reservaré su nombre, edad, gustos de comidas y estilo de vestirse y peinarse. Este hombre había estado desarrollando un concepto en su cabeza, había estado jugando con este concepto, con esta idea.
Había organizado sus barreras, sus condiciones, su modo de ingreso y su modo de egreso. Ya era el momento de aquella idea, que había evolucionado a concepto y que debía ser puesta a prueba, como toda tesis. estaba por ser plasmada en su trabajo, o en su cuasi hogar.

En el ultimo tiempo había cambiado muebles y estética del lugar. Colores, estilos, apariencias y gustos; todo había sido mutado suavemente sin que nadie se diera cuenta, aunque los cambios sean grandes.
El ultimo paso estaba listo para hacerse, y con él la confirmación o replanteo de su tesis.

Una mañana ordeno a sus empleados, psiquiatras y psicólogos, que hicieran un cambio en su ropa y en la ropa de sus pacientes; y a los que usaban chaleco de fuerza, sacarles el chaleco y ponerles quimonos.
Todos con ropa oriental, con rasgos indios o chinos o japoneses. Los muebles orientales, la disposición oriental. El feng shui, siendo una cascado grande, remplazaba a un televisor; y el televisor a ocupar el lugar de una cruz.

Y el quimono para los locos con chalecos de fuerza. Y los locos con chalecos de fuerza pasaron a ser locos con quimonos de oriente y todo se les descoloco. Dejaron de hacer fuerza, porque el chaleco ya no estaba, y empezaron a saludarse con reverencias y a tomar te sentados dulcemente.

Y las ropas y las apariencias cambiaron todo el ambiente. Y las ideas y las posturas cambiaron como cambia un día luego de una lluvia torrencial que con ella lleva el cielo y el agua por completo a la tierra.

Y aquel loquero paso a ser llamado, por los locos -que eran bastante cuerdos- residencial oriental. El nuevo lugar para sentirse cuerdo en un mundo de locos.

Y su tesis fue probada. Y su idea había sido evolucionada a acción. Y su acción había llevado a una nueva verdad.
Y esta verdad era que hasta los locos son condicionables, como los cuerdos.
Y si esto era verdad, que diferencias habían entre los cuerdos y los locos, entre los insanos y los sanos.

Y la gente sana empezó a venir al mundo de locos, o de los locos, para disfrutar de un residencial oriental en donde las ideas eran nuevas. En donde se podían reír sin justificación, donde podían tener charlas incoherentes y hasta planteos nunca planteados.

Así fue como esta idea sirvió para los locos y para los cuerdos. Para que los cuerdos sean mas locos y los locos mas cuerdos.
Y el reía como un loco, dentro de un chaleco de fuerza ya que era su forma de poder liberar toda su emoción sin explotar. Luego se quitaba el chaleco y bajaba a atender a sus pacientes, y colegas.

- Por fecha 06/08/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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