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Cuando el bueno dejó de ser el bueno

Todo fue muy confuso; todavía es inexplicable como puede ser que esto sea como es y no como las cosas deberían de ser en verdad.

Se conoce que fue en un atardecer de hace cientos y cientos de años atrás, justo al momento de la total oscuridad, en donde el sol dejo de proteger al ser humano, por tan solo unas horas, llego aquello de lo que nos protegía.
Sucedió en muchos lugares a la misma vez, no infecto un solo grupo, sino que infecto a muchos individuos. Es que no hay mejor forma de multiplicar un virus, y él lo sabía.

Así fue como el sol, al salir no vio el virus, eran pequeñas personas por aquí y por allí; y mientras tanto el virus se iba multiplicando.
Sucedió de esta manera hasta que ya el ser humano había cambiado casi en su mayoría. Y así es que llegamos a nuestros días.

Aquí y ahora, en este mismísimo momento existen los que no fueron infectados y los que, de a poco están revirtiendo el estado de esta humanidad.
Por ellos es que la humanidad todavía tiene posibilidad. Es por el individuo que vamos a multiplicar.
Todo comienza en uno, la acción de uno solo vale más de lo que se sabe en verdad. Esta despreciada, desmerecida, para que no nos demos cuenta de ello -es que allí radica la luz del individuo-.

Entre estos días la codicia reina, la traición suele ser vista cotidianamente, la mentira es la nueva verdad, el dinero suele ser el dios a adorar, la hipocresía se respira, la mala actitud es una reacción esperable, entre tantas otras verdades.
Se han perdido los valores del respeto, hermandad, cooperación, amor, alegría, honestidad -hacia uno y hacia el otro-, cordialidad, y más aun; más que ha sido tan despreciado que esta visto como un signo de debilidad, como el abrir una puerta, un saludo, un gesto con amor y más.

Así es que estamos y así es como, unos tantos, no deseamos estar. Se sabe el norte, se sabe el horizonte. Se sabe que el sol está y que ese virus ha demostrado que no puede conquistarnos, sino lo hubiera logrado ya.
Seguir, creer, hacer, tener fe -en uno mismo-, sentir y accionar y vivir como debe ser una vida, en placer y armonía y sin miedos ni esclavitud mental.

Y hoy, el bueno dejo de ser el bueno; hoy esta visto como alguien errado. Al bueno se lo ve como el tonto y el errado y, juro que es una real verdad, no debe ser así en verdad.

Por eso, seguir y hacer; ser y sentir y no arrepentirse de quienes y como son. La gratificación del corazón por el bien hacer nivela y hasta multiplica lo otro. Cabeza en alto, encandilando con sonrisas la luz de nuestro interior.

Amor

- Por fecha 25/09/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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