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Reencuentro

Nadaba desde niña. Había entrenado desde los cuatro años. Había formado su cuerpo, sus habilidades y sus destrezas.
Había elegido el prepararse de tal forma y había seguido tal creencia.

Con los pasos de los años llego a sus veinte años y aun continuaba entrenandose, en piletas, en rios y lagos. En donde iba, ella se entrenaba y se peparaba.

Los años continuaron pasando y ella siguió entrenandose, y ya con sus cincuenta años el entrenamiento le era más desgastante que entretenido.

Ella prosiguió entrenandose hasta que un día pudo entender que ya su cuerpo no estaba para nadar. Que las dolencias y molestias le complicaban y le hacían pasar un mal rato y ya estaba padeciendo en vez de entrenandose.

Allí fue cuando en vez de nadar se puso a pensar. Penso el porque de su entrenarse, el porque de tanto hacer y el entrenarse para que.
Pudo ver que siempre se entrenó pero nunca se puso una meta, de niña tenia el deseo de aplicar ese entrenamiento a alguna hazaña y nunca lo hizo. De más grande pudo ver que aquel entrenar lo utilizó para tener su mente ocupada en una imagen ficticia, en una ilución óptica, en un oasis de mentira.

Sentada en su silla de ruedas vio todo lo que había pasado y ella había pasado, como una rama por un río, entre esos sucesos sin personalizarlos.

Hoy, con unos ochenta y siete años se incorporó de la silla de ruedas, y llamó a sus hijos. Congregó a su familia y les hizo saber que había mal invertido mucho tiempo en su vida; les pidió disculpa por los malos tratos que les había dado. La necesidad de descargar su frustración, por negarse, fue direccionada hacia la gente que ella ama y eran ellos.
Con unas lágrimas en sus ojos explicaba esto mientras sus 3 hijas y su hijo la miraban sin emitir palabra alguna. Esta lagríma fue el recuerdo de todas las aguas que deseó de sortear de niña y de grande; de probar y tomar algunas travesias y realizar algunas locuras.

Su hijo era igual de loco que ella y le entendio perfectamente. Con un salto fusionado entre alegría y emoción le hizo saber que en breve partían asi que ella se comprara un traje de baño y que se dispusiera a partir. Que todas se dispusieran a partir.

Tres días después pasó a buscar a su mama, ya con sus hermanas en su auto. Fueron a un río caudaloso, pero seguro, y se dispusieron a cumplir el cometido de su mamá -y quien sabe de los 4-.
Las risas se escucharon, las lágrimas se unieron al río, las miradas los unieron y los movimientos de brazos y piernas los dejaron agotados.

Habían hecho algo que ella tenía pendiente, como también sus hijas y su hijo. Habían realizado cosas que siempre habían querido hacer y no se habían animado o que se habían distanciado de hacer, por escusas y obligaciones extras.
Ella jugar en el agua, con la cual tanto tiempo la había visto como un enemigo. Ellas poder haber vivido con su mama un acto amoroso de familia. Y él, el pudo vivir a una madre ausente, a unas hermanas distantes. Ahora era todo familia, amor y libertad. Y en aquel momento se pudo ver como el dolor, en las caras de cada uno, se fue para no regresar jamás.

- Por fecha 01/10/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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