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Llueve, no corras

Las gotas caen, síntoma que esta lloviendo. La gente corre, síntoma de locura. La lluvia es agua, es purificación. Es lo que se toma diariamente, es con lo que lavamos nuestro cuerpo, es con lo que limpiamos nuestras manos.

Llueve y unos pocos caminan disfrutando de esa lluvia, de ese momento. Unos pocos saben que es un acto único de la naturaleza, que es algo bello. Algunos pocos comprenden la belleza y lo que representa la lluvia para el planeta.
Estos no corren, estos caminan; estos son fáciles de percibir y son suaves en su andar.

La lluvia, el viento, el sol, la noche, las nubes, el rocío, la briza, todos son momentos a gozar. Todos son momentos únicos de la naturaleza.

Desentendidos del camino, corremos y pensamos. Desentendidos de los sentimientos, negamos y pensamos. Desentendidos de la vida, hacemos plata y padecemos. Desentendidos de nosotros mismos, la vida pasa y ni siquiera el morir ya nos pertenece.

Pero hay unos pocos, unos cuantos locos o sanos o despiertos o vivos, que están andando por esta tierra. Ellos son el faro de si mismos y con aquella luz van encendiendo nuevos faros, primero por reflejo y luego por haber comprendido como encender su propia luz. Y esa propia luz se enciende desde el sentir.

Hay unos pocos, que van siendo unos cuantos más, que van siendo otros tantos más. Hay unos varios que van multiplicando el amor, la vida, el gozo y el sentirse a si mismos.
Por esos pocos, varios y tantos, la raza humana tiene su salvación. Su salvación metafóricamente. Por ellos tiene, la raza humana, su posibilidad de despertar a la realidad y a lo natural que es en si vivir la propia vida.

Llueve, no corras. Te mojaras igual y estarás ausente de la bella experiencia que es la vida.

- Por fecha 29/10/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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