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La nueva vocación

En la primavera las plantas comienzan a dar sus flores.
En otoño los árboles van pintando sus hojas con un color sepia.
En el mar habitan peces de todos los tamaños.
En las praderas los herbívoros y carnívoros conviven.

En el aire esporas flotan sin ser vistas por nadie.
Los picaflores mueven sus alas tan rápido que son casi invisibles.
Los escarabajos vuelan aunque la física dice y reafirma que ello no es posible.
Las serpientes se despojan de toda su piel, cambiando y soltando.

He aquí algo raro de comprender,
lo raro de comprender de todo esto.
No son los animales ni las plantas,
ni tampoco los datos anecdóticos sobre ellos.

Lo raro de todo esto que cuento,
es justamente lo que he omitido de contar.
El ser humano es lo que falta,
es que el en esta por fuera de este ciclo.

Y debo decirlo, debo escribirlo.
El ciclo natural y el humano no van al mismo ritmo.
Lo natural justamente respeta al todo, participa en el todo.
El humano se impone en todo, pero no al todo.
El humano controla en su gran pequeña escala, pero ello no llega mucho realmente.

¿Que crees que continuará existiendo?.
¿Lo que participa o impone?.
¿Lo que crea o destruye?.
¿Lo natural o lo artificial?.

¿Y que es el humano, actualmente?.
Más que un  artificio de agregados,
tanto en su afuera como adentro.

Aunque existen, y están,
los que aportan a lo natural.
En ellos esta la responsabilidad,
de asistir al despertar.

- Por fecha 26/12/2013 - 

Matías Hugo Figliola

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