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Ráfaga en mi mente

Uno lastima sin saberlo. Uno hace feliz sin saberlo. Uno hace mucho más de lo que cree hacer. Uno llega mucho más lejos de la prolongación de sus brazos.
Uno no es tan solo lo físico de su cuerpo físico ni la prolongación física mediante las cosas materiales. Uno no es tan solo lo intangible de su mente ni de sus ideas.

Llegamos lejos, llegamos muy lejos. Alcanzamos a muchas mas cosas de las que creemos; tocamos a mucha más gente de la que creemos.

Un suave gesto puede modificar una vida, literalmente. O, me pregunto yo, a nadie le ha modificado una sonrisa o un acto cariñoso de una o un desconocido.
No ha existido un gesto carente de todo que ha despertado en uno mismo la fuerza para ver la vida con el brillo que ella realmente posee.
No ha existido un roce suave de una mano, en un hombro, una cara o una espalda que haya sido el gesto para que uno recuerde que no esta solo; que estamos rodeados de gente y que hay gente que esta para contenerte, algunos, a su modo y otros para acompañarte como le pidas, si es que te animas.
No ha existido alguna risa de algún loco desconocido que te ha hecho recordar que ya no ríes como lo hacías, ni que ríes tan seguido como antes; y que aquella loca risa, de aquel loco, te despierta dentro tuyo tu loca risa, de tu parte loca.

Me pregunto si es que vemos como afectamos al otro, si es que sabemos como afectamos al otro. También me pregunto si es que nos interesa saber como afectamos al otro; si nos interesa realmente el como afectamos al otro.
Me pregunto que pasaría si por cada día, cada persona se propone como juego afectar positivamente a alguien, conocido o desconocido. Hacerlo al menos tres veces por día y estar conectado con este acto que hace.

Me pregunto porque es que nos aislamos y distanciamos. Porque nos olvidamos de aquellos momentos que han existido para recordarnos que la vida es bella para vivirla; que la vida, aun a pesar de las lágrimas y dolores, es algo que uno merece vivir.
Acciones positivas, multiplicaciones positivas. Amor genera amor. 
Recordemos que aunque seamos cien por ciento desconocidos, estamos cien por ciento vinculados unos con otros. Tenemos más en igual que el desigual, aunque no lo creamos.

- Por fecha 23/01/2014 - 

Matías Hugo Figliola

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