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Pequeña gran enseñanza

Soplos de aire que van trayendo esporas de plantas que no conozco todavía. Soplos de aire que me muestran la tierra que tengo a mi derredor y que no veo ya que me limito a un solo sentido, o tan solo dos.
En este aire llega a mi aromas que no puedo oler, gustos que no puedo saborear; cosas que no puedo comprender y si no las comprendo no las acepto.
Al aire lo acepto como quien esta en terapia intensiva acepta el pulmón artificial. Y si teniendo posibilidades para elegir, y siendo capaces de elegir aun elegimos aquel estilo de pulmón artificial tan solo para que infle nuestros pulmones y nos permita existir; no es que estamos existiendo artificialmente?.

Esto me lo pregunto una vez una persona que se lo veía respirar serenamente; quien se lo veía estaba haciendo algo más que respirar y es por ello que me acerque.
Dicen que uno se acerca a lo que le resuena, le llama, le vibra en un grado de vinculación e interés. Y es por ello que me acerque, a respirar su aire o tan solo a comprender que aire respiraba y como lo hacía.

No hubo mas palabras que las que me dijo, el silencio comenzó a ser mi tutor. El silencio es la paz de ruido, es la serenidad en la mente; es la acción de focalizar en el deseo.
Y allí conocí a dos maestros, al silencio y al arte de respirar natural -y no artificial-.

- Por fecha 13/03/2014 - 

Matías Hugo Figliola

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