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Su vida, su sueño; su aventura

Abría sus ojos y veía por primera vez todo diferente; veía colores y formas nunca vistas antes. Veía movimientos raros y sentía que era manipulado sin él poder hacer nada.
Escuchaba ruidos que nunca había escuchado, ruidos molestos y constantes. De todos los tonos y con todos los ritmos posibles.
Sintió un golpe duro en su cola y se largó a emitir ese mismo ruido que escuchaba en el entorno.

Abre sus ojos y esta vez ve el techo de su cuarto, este cuarto que conoce y sabe suyo hace ya varios años. Esta atrasado y debe levantarse rápido y correr. Hoy no toca arreglarse la ropa ni peinarse; hoy es estar listo e ir rápido al colegio ya que sino sus padres se enojarán con el.

Toce y tapa su boca para no incomodar a nadie a su rededor. Esta caminando por un parque, de la ciudad que lo tiene como visita. Esta paseando y conociendo esta ciudad. Esta gozando lo que esta viviendo en este viaje que comenzó hace tan solo nueve días y al cual le quedan siete días más.

No sabe cuando, pero se ha dejado la barba y esta ya se le hace parte de su look. Es parte de él y el ya no sabe si ella lo eligió o si el la eligió a ella. La rutina lo tiene medio aburrido, aunque dentro de esta rutina tiene sus pequeñas aventuras y sorpresas; a las cuales le saca provecho y experiencia.

Unas corridas lo despiertan; es sábado y es día de corridas. Sus hijos están yendo, todos juntos, a tirarse sobre la cama donde su mujer y el duermen. Ya estando acostumbrados a este ritual, no rutina, ellos se corren dándoles espacio para la zambullida
El extiende su mano bajo la mesa de noche y coge su termo, el cual tiene agua caliente de hace unas dos horas. El conoce el ritual y, por su parte, contribuye a él calentando el agua y comprando ricas facturas.

Su último hijo se fue de la casa, esa retirada esperada que todo hijo hace como parte de su proceso de evolución y de vida. Aún así él y su mujer se abrazan fuerte, y amorosamente, como buscando cierto tipo de contención para este cambio. Aceptar que los hijos se valen por su cuenta aun cuando les pidan concejos o ayudas.

Aquella tos lo despierta. Esa misma tos que lo ha estado achacando hace tantos años y que ha sido el sonido de que algo no andaba bien en su cuerpo. Ya se encuentra cansado de tocer y de estar realizando un esfuerzo para andar naturalmente.
El haber perdido a su mujer hace unos tres años le ha quitado mucha de esa fuerza, ella era su compañera y compinche.

Cierra sus ojos y el silencio lo mantiene en paz por unos pocos segundos. Luego el sonido tradicional que lo motivaba a comenzar su día.
Se despereza y sonríe, feliz y honestamente. Se sorprende de aquel loco sueño que tuvo y se ríe de haber vivido en una noche una vida de una persona que no era él.
Y mientras calienta su café, se toma su preciso tiempo de reflexión y se pregunta si esta vida es su vida o es el sueño de la vida de alguien más.

Y entonces decreta que su vida será mayor aventura que la que él soñó la pasada noche; y valla que aventura fue esa vida... entre paisajes, viajes, trabajos, personas, experiencias, lecturas, familias, hijos, animales, sorpresas, saltos y varias cosas más que sentía había soñado.
Y este día no fue el comienzo de su nueva vida. Fue el hacer de su vida una aventura para recordar.

Una aventura para que él recuerde antes de partir, o una aventura para quien recuerde antes de despertar.

- Por fecha 15/06/214 - 

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