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Me llamo

Persisto en mi hacer, sin forzar pero sin abandonar. Continuo haciendo, un movimiento a la vez, aunque parezca imperceptible.
El primer movimiento siempre es externo, luego se ve reflejado ese movimiento en mi afuera. Y así va sucediendo el ciclo; primero logro un desarrollo interno para luego plasmar ese desarrollo en el exterior.

Mis primeros movimientos son casi imperceptibles, en el exterior. Es opuestamente proporcional el movimiento interno respecto del movimiento externo, el desarrollo interno del desarrollo externo.

Al comienzo fue mayor mi fuerza interna, mi desarrollo interno y mi crearme en mi propia evolución y con el paso del tiempo este fue encontrando un equilibrio con el desarrollo externo para luego, con el paso de más tiempo, poder observar y sentir como el desarrollo externo es mayor al interno.
Esto no es malo ni raro, es algo natural y obvio. Es obvio porque es natural, la naturaleza no hace nada en desarmonía con el universo ni con todo lo que en el habita y coparticipa.

He visto como he ido transformándome, cambiando y desarrollándome. He visto mis cambios y los he abrazado con amor. He visto mi propia creación dentro de la creación del universo y me he sentido gratificado, tanto de mi evolución como del todo, que también esta en constante evolución.

Han pasado tantos años, o tantos presentes, que no podría dar con certeza un tiempo; tan solo puedo decir que ha pasado tanto tiempo como el que ha pasado, sin mas ni menos.
Es en estos momentos que me pregunto como se pueden medir las cosas, como es que las queremos medir si es que en si mismas no son medibles. Las cosas, los momentos, los recuerdos, las experiencias, las emociones, los sentimientos, las percepciones, las vivencias, los dolores y placeres, todo en su totalidad tan solo es; tan solo es, y al saber esto me libero de dudas que nunca me han representado sino que me han querido conferir quienes se han acercado a mi, buscando reparo o respaldo, buscando algo de mi o para disfrutarme -que para mi sería disfrutar conmigo, aunque no lo sepan-.

Han pasado tantos presentes como los que han pasado y el ciclo ha continuado su natural movimiento. Hoy ya no soy quien fui, ni seré quien soy.
Ya mis ramas llegan bien alto y dan resguardo a cientos de pájaros; mi sombra protege del sol a algunos seres humanos y mi leña permite que las noches de frío ellos no las sufran.
He visto niños jugar, arboles crecer, flores florecer; he estado aquí mientras han pasado lluvias, vientos, soles, sequías. Estuve acompañado de varios compañeros, que se han ido o que han sido utilizados por los humanos -algunos lastimados cruelmente y otros han sido avisados que serían transmutados con amor en muebles y esculturas-.

He salido de una semilla pequeña, de una semilla dura donde dentro estaba la dulce y blanda posibilidad de mi total expresión, que es lo que hoy soy.
He crecido internamente y externamente; he podido desarrollarme sanamente dentro mio, desarrollar mis potencialidades, extender mis raíces y ramas. He podido conformarme como árbol que soy, sin perder en mi mismo la existencia de la semilla y de la nada, que también soy.

Hoy, como antes, me llamo roble y me llamo nada, y todo.

- Por fecha 24/07/2014 - 

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