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El juego del pobrecito

A veces me siento, y me siento perdido. Me distiendo y veo que estaba contraído.
A veces estoy en un humor que nada tiene de risa; o en una sonrisa que dista de amor.

A veces estoy perdido, y casi siempre es justo después de sentirme que me había encontrado.
A veces agarro más cosas para sentirme mejor, tan solo por eso. Y a veces tan solo tozo para saber que mis cuerdas vocales funcionan perfectamente.

A veces veo todo lo que veo y le pongo una película de dolor, para que todo tenga ese sabor a tragedia.
A veces lloro para saber que mis ojos sienten por mi.

Todo sucede a veces, y a veces miro con pausa y parsimonia. A veces me doy cuenta antes que suceda y otras tantas al comienzo; también hay otras tantas más que me engancho y entro en "el juego del pobrecito".
Cuando me doy cuenta que ese juego no es mi juego sino que es una rutina que me opaca, puedo tomar distancia de lo que creía que era y puedo elegir nuevamente quien deseo ser. Dar luz a mi vida es mi misión y darme la liberación de mi pasado y mis pautas pre establecidas me pone en movimiento para mi mejor parte -la cual se como es pero aun no conozco-.

Es por ello que...
Casi siempre elijo sonreír, aunque no haya un motivo o razón más que por el deseo de multiplicar esa vibración, estado o sentimiento en los otros y en mi.
Casi siempre miro a los ojos al otro, para saber quienes son; para conocerlos en los pocos segundos que nuestras miradas se cruzan.
Casi siempre camino con soltura, para saberme parte del viento, del piso y de las particulas que me rozan.

Casi siempre digo gracias y perdón. Casi siempre hago una broma para que la persona con la que interactuo sepa que estamos vivos y en vinculo en ese momento.
Casi siempre cuido a los animales, como hormigas, pájaros, perros, escarabajos y lombrices; es que, que seríamos nosotros sin todos ellos.

Literalmente, ¿qué seríamos nosotros sin nada a nuestro derredor?, ¿seriamos o ya estaríamos también extintos?.

Y por ello a veces soy mi peor parte y muchas veces soy mi mejor parte.
Porque me arraigo a lo seguro del miedo que no es seguro sino inseguridad y dolor de promesa.
Porque cuando puedo ver mi rutina, la veo como la rutina de un otro; y que para mi sería un acto amoroso de hacer.

A veces me olvido y juego "el juego del pobrecito".
Muchas otras recuerdo que soy virtuoso y con miles de posibilidades, en y frente a mi. Abrazo este ser, que es el deseo de evolución -y todos poseemos uno dentro nuestro-.

- Por fecha 23/08/2014 - 

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