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Una piedra, una gota, una flor

Tengo en mis manos una flor, una piedra y una gota de rocío. Tiro la piedra, ya que es una piedra común y corriente. Limpio mi mano del agua, que hace que todo lo que toque se moje. Luego de unas horas tiro también la flor, se comienza a marchitar y una flor marchita no es flor en mis manos.

Me he quedado sin nada, he despreciado todo lo mundano. He rechazado la tierra, el agua, la naturaleza y el aire no he podido tirarlo porque no puedo siquiera tomarlo con mis manos y por ello debe valer menos que lo demás.

El agua, lo que me nutre y que me representa un setenta por ciento de mi cuerpo.
La flor, que es la pureza, la belleza, la naturaleza y la realización.
La piedra, que en ella esta simbolizada la tierra, el planeta tierra.
El aire, por el cual es que existimos aquí; existimos y existe todo.

Sin flor, he perdido mi posibilidad de ser puro, de ser bello; he negado mi realidad de "natural" y mi realización queda confinada a obligaciones y tareas. Soy artificial y estoy en una carrera de poder, poseer y controlar.
Sin agua, deshidrato mi vida; anulo la posibilidad de que mi organismo ande correctamente. Hago sufrir a mi cuerpo y en acto compensatorio le ingreso gaseosas o alcohol. Sin agua es sin vida.
Sin piedra, sin tierra; sin concebir que el planeta que me hospeda es lo que me permite vivir y me acepta para que viva en él. Rechazando lo posible y obligando a lo artificial que domine.
Sin aire, sin vida. Sin aire no duraríamos ni cinco minutos.

Gracias a los árboles respiramos.
Gracias a la tierra comemos.
Gracias a la naturaleza, la flor, tenemos un maestro ejemplar y amoroso.
Gracias al agua es que este mundo no es un desierto o algo peor.

Hoy no tiro la piedra. Hoy no tiro la flor. Hoy no tiro el agua. Hoy degusto un poco mejor el aire que inhalo.
Hoy puedo comprender que la piedra, la flor, el agua, el aire son simbolismos en mi vida. Puedo ver el valor que en si mismo tienen y ya no necesito tener una piedra, una flor, una gota en mis manos.

Hoy tengo el valor de esas cosas dentro mío y a cada momento que siento perder mi rumbo, mi norte, mi senda, me recuerdo las enseñanzas y los valores que la naturaleza me esta dando, con sutileza y amor.

El mejor maestro es quien no se aprecia de serlo; es quien enseña con tal sutileza que uno no se da cuenta que lo están asistiendo y puede ir aprendiendo que uno mismo es capaz de realizar las cosas, porque es realmente así.

Una piedra, una gota, una flor. Ellas cambiaron mi apreciación sobre mi vida y mi vivir.

- Por fecha 06/09/2014 - 

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