Ir al contenido principal

La madera y el fuego

La madera crepitaba con el aumento de la temperatura. Y el fuego iba pintando nuevos colores y tomando nuevas formas.
La madera no rechazaba al fuego, sino que se dejaba poseer y se mezclaba con el. Ambos dos jugaban en la creación de colores, formas y estilos. Ambos dos se sabían uno parte del otro y gozaban de esta experiencia.
Durante el transcurso de toda la noche, la madera y el fuego fueron, apasionadamente, viviendo su experiencia. Se vivieron sentidamente y se supieron estar en pleno juego y placer.
Ninguna de las dos partes se pregunto que había pasado antes no que iba a pasar después; eso no era relevante para ellas. Ellas estaban creando, estaban co-creando belleza ahora; y esto era lo que les hacia continuar en ese estado y acto.
Y la noche fue pasado, y la madera se fue consumiendo; y el fuego fue apagándose.
Llegó el momento en el que ya no quedó madera ni quedó fuego.
Llegó el momento en el que tan solo había cenizas y espacio vacío.
Ya no había madera ni fuego, no había calor ni creación. Todo había vuelvo a tener la tonalidad que el sol le daba.
Y transcurrió en una noche, en una noche de otoño, en una montaña al oeste del horizonte, en donde tan solo la naturaleza participaba.

Quien pudiese vivir como la madera, apasionadamente sintiendo la vida brotar y darle calor.
Quien pudiera vivir sabiendo que todo se acaba y sin preocuparse por ello. Sintiendo el juego del vivir y de todas las cosas en este único -y eterno- momento.
Quien viva como la madera y el fuego; es quien vive la vida con color, luz y forma. Con su estilo particular para co-crear, entre él/ella y la vida, vida y júbilo en el vivir.

Ya que aunque nuestra existencia dure más de una noche; tan solo durará menos de cien años.

- Por fecha 13/02/2015 - 

Expectativa Cero


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

Entre un paciente y un terapeuta II

Dar y recibir, así debe ser el movimiento de la rueda. No concebía que hubiera aquellos que recibieran y no dieran. Cada vez que se cruzaba con gente así se sentía usado, mejor dicho abusado por ellos. Le robaban al tomar sin dar, ultrajaban un acto amoroso con desprecio y desdén. Siempre había vivido en el acto de dar al momento de recibir porque aquello es lo que lo gratificaba y conectaba con sus valores. Sentirse pleno en el acto de dar como en el de recibir, comprender que había una armonía entre ambas personas. Que existía el ciclo natural y cósmico... Esto le explicaba, de forma clara e intensa al terapeuta. Se lo explicaba con tono sereno, mayormente, aunque a veces tenía explosiones de indignación, ingratitud e impotencia de ver como la gente abusaba, absorbía y parasitaba. Esto último podía hacer que todo se borre de su mente, de su juicio, y que solo viese el infierno danzando libremente por este lugar que casi siempre comprendía como la posibilidad del paraíso, y lo veía co...