Ir al contenido principal

Se sentó -usando de respaldo una piedra-

Se sentó en aquella planicie; por el solo hecho de hacerlo. Eligió frenar su andar, descansar sus piernas, relajar sus músculos y gratificar a sus ojos y su voluntad.
Se relajó contra una roca, esta vez prefirió la roca al árbol. Es que no quería que el árbol lo tapase; quería que el árbol formase parte del panorama a contemplar.
Sintió sus pies adoloridos, sus muslos agarrotados; sintió su respiración calmarse y pudo ver como, con cada respiración, su aliento pintaba niebla en el aire.
El sol ya no estaba participando del paisaje, pero todavía se encontraba pintando las nubes entre rosas, naranjas y rojos. Y con el paso del tiempo, el pintor sublime, que es el sol, decidió que era momento de cambiar la gama de colores y se retiró por completo.
Con este cambio, el frío se hizo regente del aire; y una manta lo protegió. El no quería esconderse bajo el árbol, el quería que el árbol sea parte de su paisaje.
Y vió como las estrellas comenzaron a salir a jugar, a conformar figuras, tantas como posibles crear con la imaginación.
Y aunque la gélida noche quitaba temperatura en su cuerpo, la sonrisa de este hombre seguía firme y gloriosa; como se puede sentir el júbilo de un cóndor al desplegar sus alas o el de un gorila golpeando su pecho plateado.
Y aquel panorama, tan conocido por él, fue un nuevo paisaje para su retina y su mente. Pinto en su memoria nuevos colores y formas.
Todo era tan conocido y a la vez tan distinto. Esta llanura era parecida a las tantas que el ya había transitado, y aún así era distinta. Esto era algo que nunca se pudo explicar en su mente, pero que su corazón se lo decía con firmeza; y el creía en su corazón.
Algo le resonaba que el ver este paisaje era ver todos los paisajes anteriores y los que vendrían también.
Y el se deleitaba con ese sentimiento de atemporalidad y eternidad.

El cielo, las estrellas, el árbol, el pasto, la piedra; los colores y el aroma. Todo es eterno, todo es lo mismo y aun así todo es cambiante.
Él se sentó a disfrutar del paisaje, y quería que el árbol estuviese en él; para poder ver y sentir la totalidad. Tanto en el afuera como en el adentro, y en la interacción entre estos dos.

- Por fecha 14/01/2015 - 

Expectativa Cero


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

Entre un paciente y un terapeuta II

Dar y recibir, así debe ser el movimiento de la rueda. No concebía que hubiera aquellos que recibieran y no dieran. Cada vez que se cruzaba con gente así se sentía usado, mejor dicho abusado por ellos. Le robaban al tomar sin dar, ultrajaban un acto amoroso con desprecio y desdén. Siempre había vivido en el acto de dar al momento de recibir porque aquello es lo que lo gratificaba y conectaba con sus valores. Sentirse pleno en el acto de dar como en el de recibir, comprender que había una armonía entre ambas personas. Que existía el ciclo natural y cósmico... Esto le explicaba, de forma clara e intensa al terapeuta. Se lo explicaba con tono sereno, mayormente, aunque a veces tenía explosiones de indignación, ingratitud e impotencia de ver como la gente abusaba, absorbía y parasitaba. Esto último podía hacer que todo se borre de su mente, de su juicio, y que solo viese el infierno danzando libremente por este lugar que casi siempre comprendía como la posibilidad del paraíso, y lo veía co...