Ir al contenido principal

Cuando se pierde el deseo

Cuando se pierde el deseo de vivir, es que hemos perdido nuestra motivación para vivir nuestra vida.
La motivación, los que nos motiva a hacer, está vinculada con nuestro deseo y nuestra pulsión creadora y creativa.
Al perder esto, tenemos dos modos de afrontarlo. Desganándonos y estando "apagados" y "encerrados" en nosotros mismos es una opción, en tanto la otra es continuar aceptando y asimilando "deseo" de otros para continuar.
Ese continuar es robótico, rutinario y ausente. Ese continuar es en base a una estructura -falso deseo- que imponen y que fomentan para estandarizar modos, ideas, emociones y vidas.

Cuando perdemos ese deseo de vivir, es sano y positivo el corregir el foco. Para ello hay que abrir los ojos, respirar pausada y amorosamente. Tomarse el presente para volver a uno mismo, para reconectarse con uno, para saber que anda sucediendo. Tomarse el presente para saber que se está pensando, que se está sintiendo y que se está haciendo.

Perder ese deseo es perdernos a nosotros mismos. Y lo "peor" de eso es que no sabemos donde nos perdimos; ya que al no saber donde estamos, no sabemos a donde estamos perdidos.

Ante cualquier situación que atente contra nuestra vida, hay que volver al momento presente y elegirnos -ante todo- para poder elegir.

Expectativa Cero


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Y así es

Claro que todo lo que me pasa va a dejar de pasar; claro está que todo lo que me sucedió, no me sucede. Clarísimo es que mi futuro no está decretado ni sentenciado. Entonces cual es mi situación que me focalizo en que todo lo malo no cesa de pasarme a mi, en que lo que me sucedió se sigue sucediendo y que es como es mi vida y que mi futuro ya está dictaminado y que será igual de malo que mi pasado o peor. Que parte mía es la que ataca a si misma. Porque hago autodestrucción, autoflagelación, autocastigo. Que sucede en mi mente que le gusta destruirme, verme tirado en el piso y sufriendo. Que parte mía es la que busca que no viva mi vida, que utilice cualquier medio de escape para ausentarme y para vivir una irrealidad en la cual piense que soy feliz. Si tanto puedo ver que eso no me hace bien, como es que no puedo dejarlo?, tan fuerte es mi dependencia al dolor, a la desvalorización, al mal trato y a la aceptación que puedo dejarme abandonado a mi mismo?. Si se, de forma sent...
Pasillos de hostales . Por fecha 14/02/2013 -  Matías Hugo Figliola

Entre un paciente y un terapeuta II

Dar y recibir, así debe ser el movimiento de la rueda. No concebía que hubiera aquellos que recibieran y no dieran. Cada vez que se cruzaba con gente así se sentía usado, mejor dicho abusado por ellos. Le robaban al tomar sin dar, ultrajaban un acto amoroso con desprecio y desdén. Siempre había vivido en el acto de dar al momento de recibir porque aquello es lo que lo gratificaba y conectaba con sus valores. Sentirse pleno en el acto de dar como en el de recibir, comprender que había una armonía entre ambas personas. Que existía el ciclo natural y cósmico... Esto le explicaba, de forma clara e intensa al terapeuta. Se lo explicaba con tono sereno, mayormente, aunque a veces tenía explosiones de indignación, ingratitud e impotencia de ver como la gente abusaba, absorbía y parasitaba. Esto último podía hacer que todo se borre de su mente, de su juicio, y que solo viese el infierno danzando libremente por este lugar que casi siempre comprendía como la posibilidad del paraíso, y lo veía co...