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Aguardando

Cuerdos y locos conviven en un mundo, separado por normas y reglas. Dividido por buenos y malos. Segmentados por lindos y feos, altos y bajos.
Unos y otros, señalados por dedos calificadores. Quitando la pureza para imponer dureza.
Los colores dejaron de ser colores, para ser algo abstracto en si mismos. Entre ellos se negaron y se distanciaron.
El humano dejó de ser animal para ser semidiós; y no se animó a ser Dios y fue peor animal que los animales.
Las palabras particionaron al individuo, algo no pensado en un entonces. Dejando de ser un algo para ser partes fragmentadas; fragmentos que tenían abismos entre sí y que nadie se animaba a cruzar.

El día y la noche llegaron a un acuerdo; si el hombre no cambiaba, todo iba a terminar.
Y como padre y madre amorosos y benevolentes, le dieron nueva luz y nuevo descanso; calor y contención. Le dieron fuerza y dulzura, pasión y libertad.

Este fue el último acto de la naturaleza por despertar al hombre alienado. Para que abra sus ojos y pueda ver por propia fuente todo lo que sucede. Para que abra su corazón y vuelva a sentirse parte del todo. Para que extienda sus brazos y ayude, asista y coopere.

Y como el amor es tan magnánimo, tomó silencio y se esparció entre todos los corazones; entre todas las caras y canciones. Entre las manos que se entrecruzan y los abrazos que fusionan.

Llego y permaneció allí dentro de todos y cada uno. Esperando a su creación.
Aguardando, por la eternidad de ser necesario, el despertar del nuevo ser humano.

Expectativa Cero


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