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Morir, moriré

Comenzó la guerra y no pasó ni un minuto sin que suceda la primer muerte. A ella le siguieron centenares de vidas terminadas. La disputa era sin cuidado, sin piedad, sin lucidez.
Era matar o matar, el morir estaba implícito aunque no se sabía.
En el espacio de conflicto surgían guerreros constantemente, no se podía definir de donde pero siempre había uno nuevo para enfrentar a aquel que había matado a alguien hace un instante.
La sangre se percibía en el aire, ese olor a vida desperdiciada...

Existían dos dictadores que pretendían imponerse sobre los otros; básicamente querían exterminar al otro y proponer su falso reinado.

Lágrimas de perdida, de dolor, de locura e inconsciencia.
Pérdidas atroces; pérdidas de vida que nunca se iban a recuperar.
Sometimientos de unos a otros, de aquellos que buscaban hacer de los otros que sean como uno... y lo mismo de la otra perspectiva. Es que ello es una guerra, la carencia de diálogo y madurez.
La inexistencia de consciencia ni amor, la luz apagada con intención.

La muerte y el miedo riendo, jugando con los cuerpos. Ellos ganan, independientemente del vencedor.
Vencedor que no sabe que realmente ha perdido y que su dominio es asfixia a si mismo.

Esta guerra terminó cuando él se puso a llorar y pudo tener aquella lucidez que faltaba dentro suyo.
Cuando pudo saber que las dos partes que se querían imponer no lo representaban y que el tenía el poder de elegir.
Era su reino y lo había relegado a las ideas de otros, a los valores de otros, a las emociones de otros.
El otro dominaba su vida.
Que otro?, esa es una pregunta muy dificil de responder... pero que otro gobierne es básicamente que él no lo estaba haciendo.

Oxígeno llegó a sus pulmones, y pudo respirar. Su corazón latiendo, esa sangre derramada y desperdiciada.
Su cuerpo, padeciendo a los cientos o miles de muertos y sus brazos sosteniendo las armas que destrozaron todo y a todos.

Aquella guerra existía. Ya no más.
Ahora él pudo tener la lucidez de terminar todo, de poder elegir y de darse cuenta que estaba destruyendo su vida y a si mismo.

Ahora es una batalla épica, del ser humano consciente contra si mismo. De la evolución contra la involución. De la luz, del amor contra la negación -de ver y de sentir-.
De la vida sobre el miedo.

Él pudo salvarse. Pudo ver que en él habían sucedido miles de guerras donde él fue el único perjudicado y perdedor siempre.
Lo impuesto, lo mandado, lo decretado por un otro es para que uno no tenga que pensar, sentir, elegir, decidir ni hacer. Todo ello es para que uno no esté presente en su vida.

Todo esto puedo contarlo porque tantas guerras he tenido, todas las veces las sufrí.
Perdí millares de posibilidades de ser feliz, de disfrutar, de participar en mi vida; dí a un otro (simbólico) el poder para vivir mi vida y yo fui su esclavo, su sometido.

Hoy hago consciencia para poder librar mis batallas, para hacer que el miedo y lo negado salga a la luz. Que el dolor se presente con nombre completo.
Hoy tomo responsabilidad de mi vida y elijo vivirla.

Morir, moriré. Hago todo a mi alcance para poder sentirme orgulloso de mi mismo cuando ese momento llegue.

Expectativa Cero


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