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La historia de: "Color y Existencia"

Tuvo que creer en algo, en alguien. Tenía que creer porque sino la vida perdía razón, era un transcurrir sin sentido.
Eligió comprar algunas mentiras para tener un suelo firme sobre el cual andar; sobre el cual poder avanzar.
Compró ideas, imágenes, conceptos y modismos que nunca tuvo en cuenta; porque no se vende un producto por su defecto sino por la necesidad que tiene el comprador.
Y transcurrieron sus primeros día y, como todo lo nuevo, se sentía bien y agradable; se sentía como una propuesta y un proyecto real. Pero con el transcurso de los años, tan solo dos o tres -ya no estoy seguro-, vio que las cosas no eran como le había dicho.
Las normas dejaron de ser agradables para ser contradictorias y opresoras, las imágenes de ser bellas tornaron a ser macabras y la gratificación de servicio cambio a la vergüenza de lo hecho.

Su creencia se secó como se muere un bello árbol frutal que es abandonado sin nutrientes ni atención. Ello dio paso a desidia, abandono y resignación por su parte.
Sus valores habían quedado ultrajados, ya no tenían ninguna significancia para él. Ya le era todo lo mismo... y la oscuridad se acercó lentamente, hasta posarse sobre y dentro de él.

Todo era obscuro y sin sabor, todo era sin sentido en su vida. Y así transcurría todo, sus días, comidas y reuniones. Todo era como una monotonía de blanco o negro.

Hasta que un día, algo de color pasó frente a sus ojos, y él lo vio. Fue solo un instante, un destello. ¿Fue algo real o tan solo el deseo ferviente del sentido de la vida? fue su primer pregunta.
El silencio decidió no hablar y no tuvo respuesta.
El color que había viso unas semanas atrás, tardó en presentarse; y lo hizo cuando él creía que lo había imaginado, que había sido su necesidad o desesperación.
Esta vez pudo ver algo rojo, un rojo intenso y brillante. Un color de fuego y pasión, de vida y pulsión.
En el transcurso de los siguientes día fue viéndolo y fue prestando atención a los momentos en que se presentaba; se puso a analizar las semejanzas y cada suceso en particular.

Se avocó sobre este tema como si su vida dependiera de ello; de título le puso "Color y existencia". Ese era el modo más claro que tenía para explicar lo que dentro suyo bullía sin cesar en cada experiencia que tenía.

Pasaron varios meses, casi medio año, hasta que se encontró conectado diariamente con ese color. De a poco había encontrado conexión con los momentos para luego encontrarse conectado con ese color.
Pudo comprender que aquel color rojo intenso, brillante, vibrante estaba relacionado íntimamente con su pasión, con su amor.

El amor a lo que hacía, a su vocación. El amor lo que sentía, había conocido una dulce y sencilla mujer.
El amor a sentirse vivo; darle pasión a su hacer, a su decir, pensar y sentir. Sentirse uno con su vida.

Haber comprendido ese color le dio la posibilidad de comenzar a ver otros. Los verdes y azules. Los amarillos y blancos; los marrones y los grises también.
Todo fue tomando color, cada cosa con su tono. Hasta que él pudo ver en si mismo la conjunción de muchos colores.

Su vida había dejado de ser blanca o negra para ser todos los colores, y ninguno a la vez. Era la intersección de la creatividad con la creación. El era todo y nada en un juego de manifestación.

Habiendo transcurrido un año y siete meses fue despertando en él algo que había pensado muerte, desechado, apagado y extinto.
De a poco comenzó a brotar, como de entre las cenizas una tierna planta, su creencia. Y ella no estaba pendiente de algo más o de alguien más.
Esta creencia tenía raíz en si mismo y se nutría por sus convicciones y valores. Las imágenes eran las que él tenía como motivadoras de amor, de voluntad, de pasión y de compasión.

Y aquí volvió a nacer, y aquella imagen de la planta creciendo de entre las cenizas pasó a ser el árbol frutal que creía el había muerto por desidia de un otro. Aquel nacimiento fue la revelación de que existe la posibilidad de elegir su propia vida.
Sintió expandirse y explotar, y transformarse en luz y multiplicidad. En ser todos los colores y en ser todo.

El momento de crear su mundo, con su creencia estaba frente a él.
Ya sabía que era el creador y que estaba jugando, amorosamente, con la creación; en una danza que ,comprendió, se llamaba vida.

El resto, será otra historia; una de un ser humano consciente y multiplicador de luz, amor y consciencia. Un árbol dador de frutos, sombras y frescura; de contención y multiplicación. Agradecido dador y libre de sus viejas cadenas.

Expectativa Cero



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